Yo creo que casi se enfadó cuando vio que su “ídola”, la guapa, inteligente, aguerrida, valiente, decidida –y un poco vanidosa también, todo hay que decirlo– Fiona, se iba convirtiendo en medio de ese aura de luz en una auténtica ogra. Una ogra guapa, se supone –aunque eso tendría que decirlo un ogro, claro–, pero ogra al fin y al cabo.
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