No soy Shrek, lo sé; ni Mani, también lo sé. Soy Chalo. [...]
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Fiona sabe que por la noche cambia y que puede suceder que de verdad sea una ogra en vez de una princesa, y no me parece que sea muy honrado no decir nada y ocultarse cuando van a acampar por la noche (bueno, eso es normal, a nadie le gusta que le pillen en sus momentos bajos), pero sí que podía haber sido honrada y decir qué es lo que le pasaba... sobre todo sabiendo que Shrek era un ogro.
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[...] Shrek me había molado tanto que la alquilé para verla con Samu y explicársela. La vimos un día que me lo colocaron mis padres porque habían quedado con los padres de Sami para hablar con tranquilidad. Acabé por no explicarle nada. A él le divertían cosas que a mí ni se me habían ocurrido. Por ejemplo que el Dragón (la dragona, mejor) se enamorase del Burro y le persiguiese por todo el reino y se pusiese a llorar cuando pensaba que lo había perdido: un dragón llorando. Patético.
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